· 2015

Un pueblo donde nunca pasa nada

Se suicidó, se suicidó, lo mataron, lo mataron, el pueblo donde nunca pasa nada estaba convulsionado. José López, cuyo apodo era Yetatore, era el motivo. Su vida fue una sucesión de desgracias, su madre enloqueció después de su nacimiento. Lo criaron distintos familiares. Su abuela falleció cuando tenía 6 años y de allí en más los amigos lo llamaron Yetatore. Se casó, al poco tiempo su mujer se fue con un viajante que cada tanto pasaba por el pueblo. Hacía poco lo despidieron de su empleo, por eso el pueblo pensó en un suicidio. La verdad solo se supo varios días después. El comisario (del pueblo) una tarde muy bien arreglado con su nuevo uniforme se presentó por un canal de T. V. Con aire de persona importante mirando las cámaras anunció: hemos logrado esclarecer este hecho doloroso ocurrido al ciudadano de este pueblo José López. El Sr. fue invitado por su amigo Luis Soto (que como ustedes recordarán es oriundo de este pueblo) a su casa en Mar del Plata, miró las cámaras, tomó un poco de agua y continuó, para animarlo lo invitó al Casino y allí le facilitó algunas fichas, con las que el Sr. López ganó lo que nunca soñó, un millón de pesos. Al día siguiente, después de devolver generosamente lo que se le había facilitado, tomó el tren para regresar a su hogar. Por supuesto viajaba en súper pullman porque traía mucho dinero… Silencio creó, expectativa. Pero el destino le jugó una mala pasada. Como ustedes saben hay inadaptados sociales que cuando el tren para suben y despojan a los pasajeros y así el pobre López perdió todo su dinero y con ello las ganas de vivir, lamentablemente. Testigos presenciales declararon haberlo visto arrojarse al paso del tren. Este comisario les da el pésame a los familiares y amigos del ciudadano López.

Raquel Kacman