· 2025

Teatro

Primer acto: La acción en un hotel de medio pelo en las Cataratas. Dos amigos en una habitación. Camas, en una está sentado Juan a medio vestir, 2 sillas, en una sentado José listo para salir, ropa deportiva, 2 valijas en el piso donde se ve ropa desprolija como quien saca a tirones y revuelve todo, termina el decorado una mesita.

Jorge: O te levantás o me voy solo a ver las cataratas y el Parque Nacional. Juan: O las cataratas, abro una canilla y ya tengo una catarata, el parque nacional unos arbolitos raquíticos y unas flores, tal vez algún pajarito. José: ¿Para qué viniste, fanfa, si no te interesa? Estuvimos ahorrando para venir y ahora me salís con esto, claro, no te hice caso cuando querías que venda mi moto para tener más plata, vos tenés un trabajo seguro, pero yo me gano la vida haciendo reparto y vivo gracias a la propina y para eso vos sabés que uso la moto. Claro, ustedes se arreglan porque Marga tiene un buen sueldo. No te la merecés, sos un chanta. Juan: No me la nombres que vine para descansar de ella, por ahí tengo suerte y la paso bien, con algún bombón suelto. Ni se te ocurra estropearme, ni contárselo, no estarás enamorado de ella, el amigo fiel. José: No te la merecés, menos mal que te conozco, sos pura espuma, te olvidás que éramos amigos los tres desde la infancia y para mí Marga es como una hermana y no quiero que la corones. Juan: Hay, hermanito, vamos a desayunar, espero que nos den un buen desayuno, ¿te parece? Ja, ja. José se ríe, con lo que pagamos gracias si nos dan café con leche y una medialuna. Salen, fin del acto.

Segundo acto: un café muy de medio pelo, pocas mesas, en una dos jovencitas muy guapas desayunando, entran Juan y José, quien elige la mesa más cercana a las chicas. Entran y con su mejor sonrisa Juan las saluda: ¿Qué hacen estos pimpollos solitos, que nadie los arrancó para ponerlos en el ojal? José por lo bajo: Cretino. Juan: ¿Van a ver la maravilla de la naturaleza con ese espectáculo maravilloso, esa masa impresionante de agua cayendo desde lo alto? José por lo bajo: Abriste la canilla. Juan: ¿De dónde son ustedes? Las chicas a dúo: De Rosario. Juan se dirige a José: Se medio mejor, no hay peligro. Juan a las chicas: Me encanta Rosario, es una ciudad hermosa, viajo muy seguido, por allí tengo amigos. Las chicas: ¿A quién conoce? Juan: A la familia Fernández. José por lo bajo le dice: Pinocho. Juan sigue con su fantasía y habla sobre el Parque Nacional, las bellas flores que hay y las enormes mariposas, pájaros desconocidos para la gente de la ciudad. José está furioso ante tantas mentiras y tentado de risa. Juan la sigue: Las invitaría pero recién las conozco y sé que no aceptarían. Las chicas sonríen y les dicen que van al toilette para ir con ellos a ver las cataratas. Salen. José se enfrenta con Juan: En tu vida fuiste a Rosario, ¿y quién es ese Fernández? Juan: ¿En qué pueblo no hay un Fernández? Y no están obligadas a conocerlos. Las chicas dejaron la cuenta sobre la mesa y Juan la mira y dice: Si pagamos esto no comemos los 3 días restantes, por lo tanto por respeto no pagamos, dice Juan. Las chicas vuelven del toilette, miran la cuenta sin pagar, llaman al mozo, pagan y luego saludan amablemente a los galanes y una de ellas dice: Fue un gusto conocerlos pero vamos solas a ver las maravillas y tal vez…

Los dos galanes quedan solos. José le exige a Juan que le entregue la billetera con el dinero común y los pasajes, porque desconfía que con tal de pasarlas bien Juan es capaz de vender hasta los pasajes, salen discutiendo.

Tercer acto: La misma habitación un poco más ordenada, una valija cerrada, la otra José doblando una campera, la valija sobre la mesa. José se dirige a Juan: ¿Ya armaste tu valija? Juan: Sí, tiré todo adentro, cuando llegue Marga va a sacar todo, desinfectar y poner todo en el lavarropas. Apurate porque no sé cómo llegamos al aeroparque si no nos alcanza la plata para el taxi. José: Dentro de un rato viene un taxi a buscarnos. Juan: ¿Cómo lo pagamos? José: Nos invita el matrimonio con los que yo hice amistad mientras vos te floreabas por allí, ellos también viajan con nosotros, festejan sus 50 años de casados y me dijeron que les recordamos a sus nietos. Menos mal que no se dieron cuenta de cómo vos perseguías mariposas. Cierra la valija y salen.

Raquel Kacman