Los sueños

Los sueños no siempre son realizables, pero ayudan a vivir, son como una llave que abre mil puertas.
En una de ellas estaba él, tranquilo, solo, mudo. Su mirada hablaba de una larga historia de abandonos, de hambre, de necesidad de cariño, sobre todo de sentirse persona.
Los sueños de Rosa eran ser madre. Los intentos por anidar en sí a otro ser, como fruto del amor, se frustraron una y otra vez.
La desesperanza y el dolor la llevaron a esa plaza, donde soñaba con los hijos que la vida le negaba. Varias veces se cruzó con él, tuvo miedo, estaba obsesionada por ese niño de mirada triste que vagaba sin destino y que la miraba con ojos libres que solo pedían amor. Un día hablaron, se hicieron amigos, la mutua compañía les hacía bien, calmaba la ansiedad de ambos. Un día Rosa pensó: ¿Qué me sucede, qué camino estoy tomando? Un niño no es un perro abandonado que puedo llevarme a mi hogar y nadie lo va a reclamar. La realidad le golpeó el rostro, la despabiló y comprendió que esto era un sueño, un imposible.
Volvieron a encontrarse, ella le dijo que tenía que partir a un largo viaje y no sabía si regresaría.
Lo miró, descubrió en sus ojos una pasión furiosa, él la empujó haciéndola caer y sollozando se alejó de su lado.
Muchos intentaron ayudarla, algunos quisieron correr tras él, pero ella solo veía la tristeza y la furia de sus ojos.
El silencio reinaba en la casa, se levantó, encendió la radio, la voz del locutor relataba el asesinato de una anciana. Se miró al espejo y se dijo: Los sueños, sueños son.
Raquel Kacman