Permiso

«Permiso, ¿sube?» «Hola, ¿cómo está? ¡Qué pasó que no la encontraba! ¡Qué barbaridad, tantos días por un resfrío! Sí, comprendo, un virus, la medicina adelanta y las pestes también.
¿Se enteró lo que pasó con el muchacho que siempre se sentaba en el asiento de a uno...?
No, claro, cómo se va a enterar si no viajó, pero salió en el diario, si no sabemos el nombre… Exactamente, el que le cedía el asiento a la rubia que subía en mi parada, el tan caballero, prolijo, amable, ¿se acuerda que después de unos meses venían juntos ya cuando yo subía? Formaban una linda pareja, ¿no le parece? Que ella es orgullosa, no, es tímida. Si la hubiera visto cuando me contó lo ocurrido. Que si yo tengo trato con ella, es circunstancial, como con usted. Como le decía, el otro día cuando bajaron en Constitución un muchacho (pensó que estaba sola) la quiso obligar que lo siga, la amenazó con un cuchillo. ¿Cómo que el novio no hizo nada? Lo agarró, lo tiró al suelo, lo golpeó, porque sabe, es profesor de yudo. Pero cuando se alejaban el maldito le dio una cuchillada y está en terapia. ¿Que cómo sigue? Y no sé, la chica hoy no subió. «Chofer, en la esquina por favor», casi me paso, mañana hablamos. Permiso... Permiso.»
Raquel Kacman