· 2019

La carta

No te conozco, te imagino moreno, o tal vez rubio, alto o bajo solo pienso en tus ojos llenos de lágrimas, encontré tu carta y la curiosidad me llevó a levantarla, al ver que estaba dirigida al cielo me puse a leerla. «Dicen que los hombres no lloran, si así fuera no serían humanos, eso no es verdad. Te escribo llorando necesito comunicarme contigo mi amor, esta soledad me está matando, los chicos te extrañan». Sigue una parte ilegible no sé si se manchó por las lágrimas o alguien la pisó en el piso donde estaba. Más adelante, dice «Recuerdo haber llorado a los 7 años cuando mis padres se enteraron de los campos de concentración, cámaras de gas, crematorios y ambos se sentaron a llorar desconsoladamente, yo sin entender lloré con ellos, me dolía verlos llorar por primera vez. Ahora sé que lloraban por sus seres queridos, padres, hermanos tíos…. Como yo lloro ahora por qué no estás». Otros tramos borrosos, de los que recuperé palabras sueltas «casamiento, primer hijo, primer grado, un diente» y a continuación «la felicidad completa y también lloré de felicidad. Hoy lloro por esta soledad y el dolor de no tenerte. Te escribo, porque de esta forma estás junto a mí y te sueño, y revivo los momentos felices. Espero que esta carta te la lleve algún ángel que se contacte con el cielo. Con todo mi amor, gracias por las horas felices, por nuestros hijos y el profundo dolor que siento por tu partida que me hace más humano y lloro por nosotros. Firmado tu José».

José no te conozco, tu carta que encontré un día por la calle y estaba dirigida al cielo, ya llegó a través de tus lágrimas. Te deseo que disfrutes de tus hijos, si es posible rehagas tu vida si aún eres joven o no tanto. Si crees que existe otra vida la encontrarás por ahora trata de vivir esta.

Firmado la persona que encontró tu carta.

Raquel Kacman