Un cuento inspirado en el cuento de Chejov llamado En la oscuridad

Hola, soy un capote, no cualquiera, soy el capote de un bombero. Siempre me expongo al fuego, me cuidan porque soy caro.
Lo que más disfruto es cuando entramos en la cocina, por la ventana, es donde duerme la cocinera, es el amor de mi dueño, llegamos y me cuelga del perchero. Aunque no los veo, los escucho, en sus arrumacos amorosos y yo me alegro por ellos pero siempre tengo miedo que los descubran y a mí me tiren por la ventana y no poder defenderme, decirles que yo no tengo la culpa. Esa noche llegó el dueño de la casa, mandado por su mujer. Entró en la cocina, yo temblaba, por suerte estaba oscuro y no trajo vela (en esa época no había electricidad), por suerte para mí y mi dueño. La cocinera muy inteligente se hizo la ofendida «Sr., cómo iba a recibir un hombre en su casa, usted me ofende, yo soy decente». Yo me reía pensando qué gran actriz y me imaginaba a mi dueño escondido bajo las sábanas. El patrón terminó pidiéndole disculpas. Luego le preguntó por el capote que ella tenía que sacudir y llevar al dormitorio. «En el perchero, señor, olvidé llevarlo». A mí me corrió un frío a pesar de ser abrigado, yo estaba encima del otro capote. Sentí que me descolgaban y el señor me ponía sobre sus hombros que no eran los de mi bombero. Así llegué al dormitorio, el señor prendió la vela, la señora al verme pegó tal grito que me desmayé. Cuando me desperté estaba tirado en la nieve y no vi a mi bombero.
Raquel Kacman