Tenía que ser mujer

Salimos temprano, en diciembre aclara a las 5 am.
Disfrutamos la maravilla del silencio que nos envolvía como un manto mágico, por fin se había inaugurado el tramo que unía Sierra de los Padres con Bahía Blanca. Llegamos a Sierra de los Padres donde presenciamos un espectáculo que nunca habíamos imaginado, la montaña partida por el medio, mostraba sus entrañas como un fruto maduro. El sol la acariciaba y ella respondía con un brillo de piedra recién cortada, de la que colgaban todavía trozos irregulares que parecían lágrimas iluminadas por el sol.
La ruta era angosta y todavía no tenía banquina, ante tanta belleza y pensando en los que me acompañaban que pudieran disfrutarlo, me detuve en la ruta, quería disfrutar más el espectáculo y grabarlo en una fotografía para el recuerdo.
En ese momento rompió el encanto unos bocinazos y un señor muy amable en apariencia, preguntó qué me pasaba, cuando vio que estaba sacando una fotografía comenzó a insultarme con palabras que no existen en mi vocabulario, pero me quedó muy grabada su última frase «Tenía que ser mujer». Allí me di cuenta del error cometido y con mi mejor sonrisa le dije «Perdón, fue una mala maniobra, pero tenía que ser un hombre para no apreciar el maravilloso espectáculo», miré el interior del auto y la mujer que lo acompañaba se sonreía con un gesto cómplice. Me subí y seguí la ruta y el señor no pudo pasarme un buen trecho porque no podían pasar 2 autos a la vez. Cuando llegué a Bahía aún me repiqueteaba el «tenía que ser mujer» marcando el fin de una época que pronto será historia.
Raquel Kacman