Recuerdos

¿Quién no guarda en el fondo de su corazón un recuerdo de infancia? ¿Cuántos diablillos llevamos dentro? Son los niños perversos, o son inconscientes de las maldades que hacen. La respuesta la darán ustedes después que les cuente esta historia. Una casa chorizo, un patio central largo, habitaciones en todo el largo. Cocinas de madera, para cada habitación, donde vivían un matrimonio con uno o dos hijos. Al fondo una escalera que llevaba al cielo, la libertad para los chicos, éramos 8 con edades que iban de 3 a 8 años. Una parra generosa cubría todo el patio, nosotros soñábamos con esas uvas, pero no estaban maduras. Mi madre, yo tenía 5 años, me advirtió «Las uvas verdes hacen mal, te podes morir». Alguien tenía que comprobarlo «YO NO», tenía que elegir a los más grandes no, se darían cuenta, bueno pensé Bella tiene 4 hijos y si se muere uno no es problema. Planeé la cosa, arranqué un racimo desde la terraza y me senté a esperar, llegó Miriam, 3 años. «¿Qué hacés?» «Nada, como uvas» «¿Me das?» «No están verdes» «Yo quiero» «Y si te enfermas» «Quiero, dame», me arrancó 2 uvas y se las comió. Misión cumplida, ahora a esperar.
Esa noche mi sueño fue tortuoso, los fantasmas de la muerte me hacían morisquetas (yo tenía 5 años, no tenía idea de lo que era la muerte) no podía dormir, mamá se levantó a las 6 como todos los días. Le dije se murió Miriam y me puse a llorar desconsoladamente.
«Pobrecita, tuviste una pesadilla», «No, la verdad se murió por mi culpa», tartamudeando y llorando desconsoladamente. Le le le di uvas ver verdes. No quería que se muera, er era una pru prueba. Mamá tuvo que contener la risa y no me castigó, porque era tanta la culpa que sentía que consideró que ya tenía bastante castigo con la mala noche pasada y la culpa. A partir de ese día me convertí en guardiana de Miriam y la defendía ante todos. Para la madre la nena tuvo una diarrea.
Ustedes mis cómplices secretos juzguen si fue un acto perverso o una travesura infantil.
Raquel Kacman