2016

Paloma

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Vino de un pueblo donde la palabra pobreza no tiene nombre.

Calles de tierra, casas de adobe, sin luz, sin gas, agua de pozo.

Él era el 3er. hijo de 5 hermanos. Siempre quiso estudiar, la primaria la cursó en una escuela rural donde concurría a caballo (cuando no llovía demasiado) la secundaria, gracias a la recomendación del cura del pueblo, lo aceptaron como interno en un colegio religioso, pagaba ayudando en los quehaceres.

Vino a la ciudad con el sueño de poder trabajar y estudiar en la Universidad. El pasaje lo pagó su madre con lo poco que tenía ahorrado y le prometió que se lo devolvería cuando obtuviera su título. Durmió varios días en una plaza hasta conseguir un trabajo y poder alquilar este altillo de 2 por 2 con apenas una ventanita.

Comenzó sus estudios, qué difícil le resultaba estudiar hasta la 1 o 2 de la madrugada y levantarse a las 6 para ir a trabajar. Tenía días de desánimo como ese, escuchó un ruido detrás de la ventana (que nunca abría) La abrió y encontró un nido de palomas, con 2 pichones dentro, buscó una galletita, la trituró y la volcó en el nido, su fantasía le dio la ilusión que las palomitas sonrieron y pensó ellas también tuvieron que adaptarse a esta ciudad de cemento y necesitan como yo de amor y solidaridad.

A partir de hoy todos los días les daré un alimento. Lo vivió como un mensaje para no decaer y se prometió que si algún día tenía una hija se llamaría PALOMA.

Raquel Kacman

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