No se toca, es eléctrico

No querida, ¿ves esta perilla? Es para prender y apagar, la voz viene por el cable.
¿Cómo sabe cuándo tiene que salir? Bueno, basta de preguntas, a vestirse.
Desde ese día la mamá cantaba al compás de la radio, aprendió otras canciones nuevas. Pero Juanita quería saber de dónde nacen las palabras que salían por la radio.
Pasó poco tiempo y la maestra les informó que visitarían un estudio de radio y que los padres tendrían que firmar el permiso.
Juanita no lo podía creer, por fin sabría dónde nacen las palabras, llegó a su casa sin aliento: tenés que firmar. Te portaste mal. No, no, firmá por favor.
La madre firmó la nota, faltaba una semana, fue la más larga y esperada. La última noche no durmió por miedo a quedarse dormida, y si llegaba tarde y se iban sin ella, si se enfermaba, pensó todas las calamidades que le podían suceder. Por fin, con un guardapolvo planchadito, con un gran moño atrás, los zapatos lustrados, peinadita, se juntó con sus compañeras y el micro partió, creo que la radio quedaba en Maipú 555. Pasaron a un salón que parecía un teatro, con butacas donde las ubicaron, les explicaron que cuando esa luz que estaba en la pared de frente cambiaba de color, el silencio debía ser total, estaban en el aire.
Juanita quería preguntar, pero no se podía. Llegó una mujer joven que desde una plataforma comenzó a mover un aparatito que subía y bajaba buscando una altura, luego vino un señor con un acordeón. Por último un señor llegó con un aparato en la mano, era el locutor, saludó cariñosamente al grado y, chas, cambió la luz. —Buenos días queridos oyentes, hoy nos visitan las alumnas de quinto grado de la escuela Provincia de Jujuy, para agasajarlas nuestra estrella cantará un tango. Y cantó muy lindo, cuando terminó les hicieron seña para que aplaudan, la maestra comenzó y el grado acompañó, luego el locutor preguntó:
—¿Les gustó? Un coro respondió: ¡sí! Para terminar les preguntó si alguien quería hacer alguna pregunta. Silencio total, Juanita se moría por preguntar, pero… la maestra, que estaba cansada de las preguntas de la alumna, la mandó al frente, pobrecita, le temblaban las piernas hasta que llegó y, a boca de jarro, sin esperar, le preguntó: ¿cómo llega la voz y la música a mi casa? El locutor la miró sonriendo, a través de este aparatito, le dijo mostrando el micrófono, y dirigiéndose al grado les dijo: ustedes conocerán muchas cosas gracias a las nuevas tecnologías, esto es solo un principio; y dirigiéndose a Juanita le dijo: te felicito por tu curiosidad, no la pierdas nunca. Y en ese momento cambió la luz. Juanita subió al micro con los ojos llenos de lágrimas, pero no sabía si era por la emoción o porque no pudo saber de dónde venía la voz. Hoy Juanita es una investigadora.
Raquel Kacman