Los zapatos

Están en fila cada uno con su historia, los miro, los reconozco. El primero es un escarpín rosa, según contaba mi madre yo tenía entre 6 y 8 meses; a su lado un zapatito de pana con los que intenté dar los primeros pasos.
Luego continúa unas zapatillitas, casi, nuevas para ir a la guardería pero pronto me quedaron chicas.
Ahora miro los zapatitos marrones, gastados pero brillantes, me acompañaron a la escuela, 1er grado, guardapolvo blanco almidonado con un gran moño atrás, me acompañaron también en el cambio de escuela, escuela privada uniforme y zapatos negros y llegué a ser escolta de la bandera.
Allí están los zapatos blancos, si son de la 1era comunión, gran desilusión. “Todo el grado con uniforme” orden de la directora mamá lo aceptó, donde quedaba el sueño del vestido blanco con tul, guantes blancos, yo no lo aceptaba. Ganó la directora
Las cosas cambiaron en casa, papá perdió el buen trabajo que tenía y aceptó algo menos importante, mamá comenzó a coser para afuera; yo tuve que ingresar al secundario del estado, cambio de compañeros pero por suerte mi mejor amiga Luisa decidió seguir conmigo en el secundario. Propongo empezar a trabajar, ni pensarlo.
Ustedes tienen que estudiar para triunfar en la vida. Me quedaba de la primaria, una medallita recordatoria y un diplomita.
Ahora en la fila están los zapatos plateados, con taquito, si lo que pensaron. Los 15 años La fiesta en casa con gran sacrificio, recuerdo que vaciamos nuestro dormitorio para que tuviéramos lugar para bailar, compañeras y compañeros de ambas escuelas bailé toda la noche, pero los zapatos terminaron debajo de una silla y yo descalza pero feliz.
Llegamos a la Universidad, Luisa me invita a un asalto, lo hacen lo chicos de ingeniería que cursa el hermano y como en nuestra carrera hay mayoría de chicas, Por supuesto la primer invitada soy yo. “ no puedo ir no tengo ropa adecuada ni zapatos” interviene mamá y me dice “Yo te arreglo un vestido y verás que moderno te queda “ Luisa “ bueno yo tengo unas sandalias de tiritas que si te quedan chicas no se nota por que los dedos pueden Salir por fuera. Lo que no pensé sucedió, se rompieron las tiritas, ahora integra mi colección. Les cuento que en esa fiesta conocí a Ernesto, me quedé sentada en un rincón no podía bailar me hubiera ido pero tenía que esperar a Luisa y su hermano. La vergüenza me hacia esconder los pies debajo de la silla. Ernesto se acercó y me dijo “Que le pasa a la cenicienta, se le perdió el zapatito de cristal? Fue un flechazo le conté lo que había pasado, se hecho a reír y me dijo “Se saca el otro y bailamos descalzos, prometo no pisar esos lindos piecitos. Bailamos toda la noche.
Saben que zapatos siguen? Si los blancos de mi casamiento, para terminar la fila está el escarpín de mi primer hijo.
La historia tendría que terminar aquí, pero no pude borrar la imagen de una montaña de zapatos de todos los tamaños y colores que nunca podrán contar su historia porque son las montañas de los campos de exterminio. Pienso que cuando por la mañana nos calzamos y comenzamos a caminar tenemos que alegrarnos por que mucha gente no tiene esa suerte.
Raquel Kacman