Santa mentiroso

Lo que pediste tarda en llegar
Lo que pediste tarda en llegar

Se levantó, corrió descalzo hasta la puerta, entre todos los zapatos de sus compañeritos estaban los suyos. Le habían dejado un autito.

Lo miró y se fue llorando a su cama. Todos los chicos del hogar estaban felices, menos él.

La cuidadora le preguntó qué le había pedido al Santa. Le contestó: es un secreto entre Santa y yo.

Por la tarde los llevaron a una plaza del barrio donde un grupo de vecinas había contratado un rey mago que acariciaba a los chicos y les regalaba algún juguete.

Los chicos del hogar fueron, lo besaron, recibieron su regalo. Pero él no. La cuidadora le dijo: “andá a saludar al papá Noel, dale un beso”. Él con cara de pocos amigos se acercó y le pegó un terrible puntapié. Le gritó: “mentiroso, no me trajiste lo que te pedí”. Entonces, Papá Noel le preguntó: “¿qué me pediste? Por ahí se me escapó de la memoria y ahora te lo puedo dar”.

Entonces, llorando, le dijo: “te pedí una mamá y un papá”. Al Santa se le hizo un nudo en la garganta y no pudo contestar.

Una de las vecinas que habían organizado esto y que presenció la situación, se acercó al chico y le dijo: “lo que pediste tarda en llegar y, mientras llega, te mandaron los juguetes”. El chico la miró con los ojos llenos de lágrimas y le dijo: “vos no me mentís, ¿no?”.

“Por supuesto que no!”

La abrazó. Y en ese abrazo puso todas sus esperanzas.

La vecina, madre de tres hijos, habló con ellos y se pusieron a averiguar qué juez tenía el caso de adopción. Después de varios meses, le dieron la tenencia precaria.

Hoy, ya grande, sigue pidiendo perdón por el puntapié y lo compara con el acto bíblico donde Moisés golpeó la piedra y manó el agua. Su puntapié le abrió la puerta de una familia y le permitió tener fe y creer.

Raquel Kacman