Los vecinos

Elena había venido de una provincia, quería seguir su carrera como pianista, necesitaba una vivienda donde le permitieran dar clases de piano y así no depender del esfuerzo de sus padres. Pero nadie quería alquilarle cuando decía que daría clases de piano. Por fin encontró un edificio que permitía oficinas, consultorios, etc. Allí, un pequeño departamento de 2 ambientes muy chicos. En el comedor apenas entraba el piano que hizo traer de su casa, una pequeña mesita y 2 sillas. La cocina era un kitchenette. Pero ella era feliz.
Se anotó en la escuela de música del Colón, pronto tuvo tantos alumnos que dejó de depender de sus padres. Los pocos vecinos que vivían en el edificio, especialmente en su piso, protestaban por escuchar todo el día la misma musiquita: do, re, mi… Sus protestas al administrador no tenían éxito porque ella respetaba las horas de descanso, tanto las nocturnas como las de la siesta. Cuando terminaba su trabajo se relajaba escuchando música clásica o tocando algún concierto del programa de la escuela. El único que no se quejaba era un joven que ocupaba el departamento de al lado, los vecinos decían: claro, él no está todo el día en casa para escucharla, los jóvenes no se conocían y cuando él llega es la hora en que ella pone música clásica.
Pero un día ella encontró un disco que era un solo para piano y violín, lo estaba escuchando por segunda vez. Sonó el timbre, miró la hora, se asustó, se había pasado el horario permitido. Como chica de provincia pensó que ahora podrían desalojarla. Temblando abrió la puerta, era su vecino que venía a preguntarle el nombre de la pieza que estaba escuchando. Con ingenuidad preguntó: «¿No vino a decirme que me mude porque no respeté el horario de descanso?» El muchacho se echó a reír ante tanta ingenuidad, entre risas le dijo que para él era un placer y un descanso escuchar música cuando volvía de trabajar, pero no tenía tocadiscos porque el departamento era tan pequeño que con las mesas de trabajo apenas podía moverse, y la música le servía para relajarse. Fue así como se hicieron muy amigos, compartían conciertos del Colón, paseos por la ciudad que ella no conocía, esta amistad duró mucho tiempo. La empresa donde trabajaba como ingeniero civil lo trasladó a Estados Unidos. Ella cumplió su sueño, llegó a ser una gran concertista. Mantuvieron el vínculo de amistad durante muchos años. Él se casó con una chica americana y ella con un compañero de la orquesta. Cuando a ella la invitaron a tocar en Estados Unidos se reencontraron, la presentó como la vecina que le hizo conocer y amar la música, ella lo presentó como el vecino que le hizo perder el miedo a la gran ciudad. Así los vecinos fueron a cenar y celebrar el encuentro.
Raquel Kacman