Museos

Escribir sobre los museos: lo primero que aparece son los grandes nombres como el MoMA, Reina Victoria, el Louvre, Lyon, el Nacional de Lisboa y muchos otros. Recurro a mi colección de museos del mundo, saco el último tomo, el 20, y me introduzco en el museo más importante de Lisboa. El edificio es un histórico palacio y todo él es un museo arquitectónico, las obras fueron traídas de templos e iglesias abandonadas y fueron recuperadas, es una maravilla del arte religioso del 1600 en adelante. Podemos apreciar cómo cada artista interpreta un mismo capítulo de distinta manera, en todas hay belleza, armonía, la religión en esa época era el motor inspirador. En los últimos capítulos aparecen obras de Rafael, Tintoretto, Leonardo Da Vinci, Bartolomé Bermejo y muchos grandes más, y en medio de mi lectura recuerdo un museo muy lindo que visité en Londres, el museo del Juguete, donde se aprecia la evolución de la humanidad a través del juguete, pasamos de una muñeca de trapo a la de madera, va cambiando la carita de porcelana y el cuerpo todavía con tela, y así llegamos a las Barbies de hoy que hablan, caminan, etc.; en los juguetes de los chicos, de los coches arrastrados con un piolín a los coches ultrasónicos a pila de la actualidad. Estoy hablando de juguetes, de niños, me estremezco, un frío me recorre el cuerpo, surge el museo del holocausto en Israel con la sala dedicada a los niños, terrible, duele, tengo que salir de allí, me vuelvo a la realidad, me voy a Balcarce, el museo del automóvil, muestra la locura de este tiempo, la velocidad, el desafío a la vida, el peligro. Sigo divagando y me encuentro en un museo de arte moderno, todo muy moderno hasta el edificio.
Entro a la primera sala, no entiendo los cuadros, rayas, puntos, colores, todo mezclado, ¿qué es?, me pregunto. Me acerco a una jovencita con cara de yo sé, le pregunto y me contesta: es proyectivo, cada uno proyecta lo que le parece. Pienso: hasta aquí metió la cola la psicología, cada uno individual, como la sociedad. Me doy vuelta y veo a la señorita explicando el cuadro y pienso: ahora quiere que todos vean lo mismo. Salgo, sé que en el Colón hay un artista francés que expone, me voy, hay cola para entrar, debe ser muy bueno. Entro, no veo, hay luces que se mueven, forman imágenes, me mareo, me siento, trato de entender, mi ignorancia es total, pienso, me caí del mundo, estoy en el teatro Colón, toda esta gente vino a ver esto, no entiendo, ¿dónde están los pintores Velázquez, Miguel Ángel? Sigo buscando hasta el Louvre de Francia, allí hay de todo, desde la Gioconda con su misteriosa sonrisa, algunas pinturas rupestres, pinturas del hombre primitivo que pintaba sobre lo único que tenía, la piedra o la madera. Esto me vuelve a la pintura moderna que se parece a la primitiva y pienso: el hombre de hoy se cuelga aros, collares, se llena el cuerpo con tatuajes, está volviendo al nudismo, y me pregunto ¿es adelanto o retroceso?… ¿Aparecerán así en los museos del futuro? ¿La fotografía reemplazará la pintura? ¿No habrá más cartas de amor o políticas como las que se encuentran en los museos históricos, que sirvieron para conocer partes de la historia y de la vida de nuestros antepasados? Así termina mi historia, disculpen el divague.
Raquel Kacman