Los pollitos

Elena vivía en una casa chorizo, con dos familias más. Una de ellas tenía dos hijos, de 6 y 8 años. Elena, en ese tiempo, tenía 14. Como la madre trabajaba, ella, a pesar de su corta edad, se ocupaba de cocinar y de hacer la limpieza de la habitación. Los dos hermanitos la seguían por todos lados, ya que ella, con su imaginación, los entretenía contándoles cuentos que ella soñaba.
Un día Carlitos, que era el mayor, le dijo: "Contame un cuento de cómo nacen los pollitos". "Es muy fácil: vos plantás un hueso de pollo y lo regás todos los días hasta que nacen los pollitos".
La casa tenía un terreno en el fondo, y allí fueron los dos hermanitos a plantar los huesos de pollo. Todos los días, al volver de la escuela, iban a regar los huesos.
Hasta que un día se cansaron y le reclamaron a Elena por qué no nacían los pollitos, y ella, muy tranquila, les dijo: "Tal vez esos huesos no eran los que correspondían".
Pasaron muchos años. Uno de los hermanitos, médico de renombre, dictó una conferencia, y Elena, ya profesional, concurrió. Al final fue a saludarlo y, cuando la reconoció, le dijo: "¿Sabés, Elena? Ahora tengo tres pollitos (dos varones y una nena) y nadie me enseñó cómo criarlos". Los dos se rieron recordando esa historia.
Fue un momento feliz para ambos. No volvieron a encontrarse. Esta historia nos muestra que con voluntad y esfuerzo se puede pasar de una casa chorizo a ser un profesional respetado.
Raquel Kacman