La sombra

Soy encargado de un edificio, donde hay varios departamentos de alquiler temporario a extranjeros.
Estoy acostumbrado a ver desfilar gente de distintos países, pero….
Estaba en la recepción a la cual se accede por un largo pasillo que me permite ver quien ingresa al edificio. Cuando vi, una sombra de más o menos 1,80 de estatura, con 2 puntos blancos a la altura de la cara, acompañada por 2 sombras pequeñas, una de cada lado. Todos vestidos de oscuro, a 1 metro de distancia, una sombra pequeña de 1,50 aproximadamente, que arrastraba 2 enormes valijas. Los puntos blancos de esta sombra, estaban cargados de tristeza, cansancio, y tal vez frustración.
Me acerqué a la puerta, la primera sombra, sacó un manojo de llaves y un papel que me mostró, que era el recibo de alquiler, que yo conozco. Los dejé pasar.
Al día siguiente vestido con ropa clara, pude comprobar que su piel era tan oscura como nunca había visto y me pregunté de qué país africano vendrían. Observé que otra vez la pequeña sombra se colocaba a distancia del hombre (la mujer con ropa clara estaba embarazada). Me dolió recordarla empujando las valijas, mientras él llevaba de la mano a sus hijos.
Ese día, cuando ya estaba por retirarme a mi departamento, vi llegar al padre con los 2 niños, jugando en el pasillo con una pelota. Eso no estaba permitido, ya que las puertas son de blindex. Me acerqué para explicarle que el reglamento no lo permitía. Traté de encontrar la forma de explicar, hasta que por fin tomé la pelota, la apoyé sobre el vidrio y hice con mi boca un ruido de explosión. Tres arcos brillantes de dientes blancos se abrieron en una carcajada, tomó la pelota que le entregué, me apretó la mano y subió con sus hijos.
No parecía mala persona, era educado, pero no colaboraba con su mujer, en ese momento la vi llegar, cargada de paquetes, salí a recibirla, me costó sacarle los paquetes, no entendía que trataba de ayudarla, por fin se los acomodé en el ascensor y la sonrisa que iluminó su cara fue el mejor agradecimiento. Al otro día volvió la familia completa, y otra vez ella llena de paquetes, volví a tomarlos para liberarle el peso, el marido se volvió y me tomó de los hombros. Y pude leer en su mirada una sonrisa burlona.
Yo seguí ayudándola cada vez que la veía cargada de peso, hasta el día que se fueron. Cuando los despedí, me pareció que la pequeña sombra estaba más erguida y sus hombros más brillantes.
Creo que había percibido que se puede vivir sin ser la sombra de otro, lo que no sé, si el marido recibió el mensaje que le quise transmitir.
Raquel Kacman