· 2019

Fe y esperanza

Elsita tiene 18 años, hace 5 que está en silla de ruedas. Todo comenzó cuando tenía 13 años y tenía que comenzar el secundario. Despertó una mañana y no pudo caminar. La vieron médicos clínicos, neurólogos, le hicieron estudios de la columna, de la cabeza, todo tipo de estudios, todo estaba normal. El psicólogo no pudo encontrar un motivo para esta parálisis, pero la ayudó a aceptar el hecho de estar en una silla de ruedas. Su hermano, Jorge, comenzó a estudiar medicina y comenzó a preocuparse por su hermanita, a la que adoraba. Su caso ya lo conocían todos los profesores. Un día un médico de la guardia, con el que compartía, le habló de un profesor ya jubilado que hacía verdaderos milagros, pero le advirtió: no vas a poder llegar a él, es médico de consulta y cobra una fortuna. Atiende 2 o 3 pacientes y en general son derivados de lejos. Jorge averiguó y se presentó en el consultorio con una valija con todos los estudios que tenía su hermanita. La secretaria le dijo que sin turno no lo atendería y que debía pagar la consulta, él le contestó que esperaría hasta que el doctor terminara la consulta. La secretaria no sabía cómo hacer para que se fuera, pero él no se movía de su lugar. Entró a hablar con el doctor, este le dijo que lo dejara, que cuando terminara con el último paciente lo recibiría. Jorge esperó 3 largas horas.

Por fin el doctor lo recibió, era una persona mayor que irradiaba tranquilidad y bondad. Abrió la valija, miró algunos estudios y dijo: demasiados para una chica tan joven, y le preguntó: «¿Por qué me vino a ver a mí?». «Porque usted es la última esperanza, y aunque tenga que vender mi vivienda para pagarle, tengo tanta fe en usted que lo haría.» «Por ahora no venda nada, los honorarios me los pagará cuando se reciba, atendiendo sin cobrar a la gente que lo necesite.» La secretaria le dio un turno para 15 días después. Salió del consultorio como si tuviera alas para llegar lo antes posible a contarle a Elsita su odisea.

En la primera consulta habló con ella una hora, la revisó y le preguntó qué sentía en ese momento. «Esperanza», dijo. «Y yo tengo fe que vas a cumplir plenamente las indicaciones.» Le dio un gotero sin rótulo, le dijo: «Vas a tomar 1 gota el primer día, 2 el segundo, hasta que el décimo tomarás 10, y me vendrás a ver y traerás el gotero. Al segundo día te sentarás descalza y apoyarás los pies en el piso y moverás los dedos del pie sin ayuda durante 5 minutos cada 2 horas». Fue dándole indicaciones, que el día 10 tenía que estar parada sostenida por el andador. Al mes ya daba pasitos con el andador y a los 3 meses caminaba.

Jorge no salía de su asombro. «Doctor, ¿qué le dio a Elsita?» El doctor sonrió: «A los enfermos siempre hay que darles esperanza y tenerles fe. Esa es la mejor medicina, y tenerles fe; el resto ayuda».

Raquel Kacman