El ramo

Lo primero que hacía al levantarse era ir al jardín a regar su rosal y hablarle. Había muchos rosales pero este era especial. Tenía tallos largos y daba un pimpollo por cada tallo, eran de color rosa pálido. Ella lo acariciaba, acariciaba las hojas y le decía: tenés que darme una flor para el 20 de septiembre. Ella y su novio habían decidido casarse el 21 por iglesia, ya que se habían conocido el día de la primavera en una reunión estudiantil de universitarios que festejaban la llegada de la primavera. Los preparativos para la boda eran muchísimos: el festejo, la modista, las invitaciones, etc. Estaba muy ocupada pero la visita al rosal no faltaba. Parecía que la planta la escuchó y a los pocos días apareció un pequeño pimpollo que lentamente iba creciendo y tomando forma. En la última prueba del vestido la modista le mostró varios ramos para que decidiera cuál llevaría, pero no eligió ninguno, a última hora decidiría. El día 20 su pimpollo estaba hermoso, con cuidado y sin decir nada a nadie lo cortó. Buscó la florería más importante y cara de la ciudad, la que preparaba ramos para novias espectaculares. Fue con su pimpollo y pidió un ramo cuyo centro fuera ese. Le mostraron varios y eligió uno en que la flor estaba rodeada de rositas rococó blancas y rosas. El 21 por la tarde llegó el ramo, las amigas que habían venido para colaborar con la modista a vestirla, todos quedaron mudos ante tanta belleza en medio de la cual brillaba su pimpollo rosa como una reina. La ceremonia fue sencilla y emocionante pero... al salir... todas empezaron a reclamar que tirara el ramo, le gritaban tenés que tirar el ramo. Sintió una angustia terrible pero no podía romper la tradición. Con los ojos llenos de lágrimas, besó el ramo y lo tiró. Lo recogió su mejor amiga. Ya en la fiesta la llamó y le dijo: «¿Puedo pedirte un favor?» «Por supuesto.» «Que guardes el ramo, yo sé que las flores se marchitan, pero lo quiero guardar para que un día se lo muestre a mis hijos y les diré que todas las cosas vivas, plantas, animales, responden al amor, y les contaré la historia de mi rosal.»
Raquel Kacman