El placar

Entré a la habitación, lo primero que me llamó la atención fue el placar, entablé una conversación con el: lo invité a contarme su historia. Comenzó muy lentamente a decir; como me vez ahora, yo fui un hermoso árbol en un monte en el Norte Argentino vinieron uno hombres con sierras eléctricas y en pocas horas ese lugar quedó decampado. Daba dolor verlo, luego no fueron mutilando hasta convertirnos en placas de madera. Un buen hombre, carpintero no pensó en nosotros los pobres árboles, me convirtió en lo que fui un placar en una habitación de hotel. De nuevo estaba hermoso mis puertas cerraban perfectamente, los cajones se deslizaban con suavidad, todo era perfecto. La primer persona que me utilizó fue un señor mayor, muy prolijo doblaba su ropa con mucho cuidado y guardaba en los cajones, me trataba bien. Luego estuvo un joven que casi no usó pero dejó olvidada en mi interior una carta que la mucama leyó y se echó a reír y comentó “pobre infeliz “. Y así fue pasando mi vida hasta que llegaron tres jóvenes salvajes que cerraban las puertas a punta pié, usaban los cajones para sentarse y creo que el dueño del hotel tuvo que echarlos. yo quedé lesionado y nadie se ocupó de arreglar mis heridas….. No quiso seguir hablando yo no insistí, llegó una mucama para preguntar si necesitaba algo. Le dije que no y comencé a guardar mis cosas y sin que nadie me viera le hice una caricia al Placar.
Raquel Kacman