· 2015

El gallinero

Abrí la puerta (primer día de clase). 50 gallinas y un gallo.

Inmediatamente se destacó una con aires de líder y comenzó a ordenar: sentate aquí vos, allí. Todos opinaban sobre cómo se podía dar clase con tantas personas, quién tenía que irse, quién no, etc.

Llegó la profe, cara de sorpresa. ¿Cómo vamos a trabajar tantas? Imposible. Surge la conciliadora: «Podrían poner otro curso, en otro día y horario». Todas las gallinas cacarean juntas y a la par: «Yo no puedo, tengo otros cursos», «Me gusta este horario», «Yo lo elegí por la profe», «Nosotras somos un grupo y no podemos cambiar y no queremos separarnos», y sigue... Imposible entenderse. Aparece la que se cree con derechos adquiridos: «Nosotras hace 3 años que estamos, que se vayan las nuevas». Sale la defensora de los pobres: «Aquí todos tenemos el mismo derecho». Fin de la clase. Solución a pensar.

Segundo día. El gallo se disparó (pobrecito), dejó el campo libre a las gallinas.

Nuevas propuestas, se forman grupos entre las que se conocen y en cada uno hay una líder que las representa. Se reúnen en el bar y continúa el baile.

Mientras tanto muchas gallinas abandonan el gallinero y buscan otro gallinero, otras son tímidas y no opinan.

El gallinero aparece diezmado. Solución final: 2 cursos paralelos alternando las profesoras. El gallinero se calma pero siempre alguien, por lo bajo, sigue cacareando. Yo, como gallina con experiencia, observo, recojo mis alas y espero.

Gracias a mis queridas gallinitas.

Raquel Kacman