2014

El dato faltante

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Llegó, venía cansado, había sido un día agotador, subió al ascensor con una sensación de angustia que le oprimía el pecho, se miró en el espejo, compuso su rostro; pensó, ella no debía saber su preocupación.

Abrió la puerta y lo sorprendió el silencio, ella siempre escuchaba música. La llamó, la buscó, nadie respondió. Fue a la cocina, la mesa estaba puesta para una persona, esto quería decir «No me esperes».

Se sirvió la comida, le costaba tragar y unas ganas locas de llorar. Pensó «Los hombres no lloran», se echó a reír y se dijo en voz alta ¡Qué mentira!

Fue al dormitorio, su pijama estaba preparado, como siempre sobre la cama, se lo puso y volvió al comedor. Prendió la tele y se acurrucó como un niño en el sillón.

Poco a poco el cansancio lo venció. De pronto se sobresaltó, no sabía dónde estaba, el televisor estaba apagado, se incorporó y la vio parada en la puerta del comedor con los ojos llorosos y los brazos extendidos, se abrazaron y ella le dijo «Ya está mi amor, ya todo pasó, vamos a la cama».

Raquel Kacman

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