· 2015

De vieja a adulto mayor

Frente a la ventana estaba sentada LA VIEJA, como la llamaban sus hijos cariñosamente. Ella se sentía inútil.

Encerrada en una jaula (de oro), PERO JAULA AL FIN.

Desde que se había caído y fue operada de cadera los hijos decidieron ponerle una persona, las 24 horas, para que la atienda, la cuide y no la deje hacer nada; la mujer se tomó muy en serio su papel y no le permitía salir, y si lo hacía inmediatamente la carcelera llamaba a los hijos que aparecían con sus reproches.

Pero sus amigas no podían entender que ella, tan activa y llena de proyectos (la que siempre proponía), aceptara convertirse en una vieja que solo mira la TV, esperando la muerte. Olga, la más decidida del grupo, apareció en su casa.

«Vamos, vestite y nos vamos al cine, tengo una sorpresa, ya verás.» «Pero mis hijos no quieren que salga.» «¿Desde cuándo ellos deciden por vos, qué te pasa?»

Se cambió, discutieron con la carcelera y tomadas del brazo fueron al cine. Allí las esperaban las otras amigas, al salir fueron a tomar algo y regresó tardísimo. Al llegar se encontró con sus hijos esperándola. Antes que nadie dijera nada les dijo: Hoy por fin fue un día vivido, ustedes (yo sé que me quieren) pero me anularon como persona, sin darme cuenta pasé a ser una vieja. Hoy con mis amigas descubrí que soy un adulto mayor y les comunico que mañana voy a comenzar un curso de expresión corporal y averiguaré si puedo retomar el de Historia del arte, que tanto me gustaba.

La cara de los presentes era de perplejidad, sorpresa, no podían entender lo que estaba pasando.

«Queridos, ustedes me convirtieron en una vieja, algo parecido a una muñeca, a la que se cuida, se la adorna, se la mima, pero se olvidaron que yo tengo un cerebro, una historia de vida y el derecho a seguir viviendo como a mí me gusta. De ahora en más no soy la viejita, soy su mamá (como me llamaban de chicos) y para los demás soy un adulto mayor.»

Los quiero mucho, pero ahora volverán a tener una madre activa, participativa, y tendrán que llamar para saber cuándo pueden venir y si estoy en casa. Sobre todo sepan que ahora estoy feliz.

Raquel Kacman