2026

El cumpleaños

Un regalo de un mago
Un regalo de un mago

Elena y Julia eran amigas desde que comenzaron el jardín. Ahora cursaban segundo grado y se acompañaban porque vivían muy cerca una de la otra. Las dos venían de familias de clase media. Pero ese año el padre de Julia quedó sin trabajo, la fábrica cerró, y la madre comenzó a coser, arreglando ropa de gente conocida y de recomendados; no era modista, pero siempre había cosido para su familia.

Eso alcanzaba para los gastos principales, pero el clima de la casa cambió. El padre estaba siempre de mal humor porque no conseguía trabajo, ya no jugaba con los hijos, no se reía y a veces discutía con la madre. Julia sufría esa situación y la comentaba con su amiga Elena.

A la salida de la escuela, la mamá de Elena las iba a buscar y las dos nenas merendaban juntas; luego hacían los deberes hasta que la madre de Julia la venía a buscar.

Esa semana Elena cumplía 8 años y lo festejaba el domingo. Invitó a un grupo de compañeros a su casa. En la escuela todos hablaban del regalo que llevarían: una cartuchera, lápices de colores, libros de cuentos…

Julia sabía que no podría comprarle a su amiga del alma un regalo importante, y le dijo a su mamá que no iría al cumpleaños porque no tenía nada para llevarle. La madre le contestó: «Tal vez… ya veremos. Capaz aparece un mago y te trae un regalo para tu amiga».

Llegó el domingo. La madre vistió a Julia con el mejor vestido que tenía. Ella lloraba: «No voy a ir». Entonces la madre trajo un hermoso paquete con un moño y le dijo: «Se lo entregás a Elena de parte mía, y le decís que un mago lo trajo para ella».

«Mamá, decime qué es», le pidió Julia. «Ya lo verás cuando abra el paquete».

Julia tenía miedo de hacer un papelón: sabía que su mamá no podía comprar nada.

Llegó al cumpleaños y, en la puerta, la madre le dio el paquete para su amiga, le dio un beso y les dijo que se divirtieran: «Llamame cuando terminen». Julia entró con su paquete y, muy seria, se sentó a esperar que Elena terminara de recibir a todos y sus regalos, que ya se acumulaban sobre una mesita.

Elena se acercó a su amiga, la abrazó muy contenta de que hubiera venido, vio el paquete y le dijo: «¿Esto qué es?». «Te lo mandó mi mamá, y dijo que lo disfrutes».

Con manos temblorosas, las dos comenzaron a romper el envoltorio, y apareció una hermosa capa de terciopelo rojo bordó. Elena pegó un grito, abrazó a su amiga y le dijo: «¡Tu mamá es un genio!». Inmediatamente se la colocó sobre el vestido blanco, donde lució con todo su esplendor, y no se la sacó en toda la reunión.

Julia reconoció la tela del vestido más importante que tenía su madre, y su corazón se llenó de gratitud. Su madre había sacrificado su vestido para que su hija no sufriera y disfrutara de la reunión.

Pasaron los años y Julia, cada vez que sus hijos cumplen años, recuerda ese día y comprende y valora lo que hizo su madre. </content>

Raquel Kacman

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